En la cumbre del Kilimanjaro, a 5.895 metros sobre el nivel del mar, cada respiración contiene aproximadamente la mitad de oxígeno que al nivel del mar. Aun así, los montañeros no dependen de botellas de oxígeno durante toda la ascensión, como suele ocurrir en el monte Everest. En el Kilimanjaro, un cuerpo sano puede adaptarse por sí solo a estas condiciones mediante un proceso conocido como aclimatación.
¿Por qué algunas personas se aclimatan con facilidad y otras no? ¿Cómo evitar el mal de altura en el Kilimanjaro? ¿Qué síntomas son normales y cuáles indican que ha llegado el momento de descender? Te lo contamos en este nuevo artículo de Altezza Travel.
Nivel de oxígeno en la cumbre del Kilimanjaro
Solo el 1,1 % de la población mundial, unos 81,6 millones de personas, vive a altitudes superiores a 2.500 metros y está genéticamente adaptada al aire enrarecido, como ocurre con habitantes del Tíbet, el Himalaya y los Andes. El 99 % restante empieza a notar los efectos de la altitud ya entre los 2.500 y los 3.000 metros, lo que se convierte en el principal reto camino de la cumbre del Kilimanjaro.
Decir que en la montaña «no hay suficiente oxígeno» no es del todo exacto. La composición de la atmósfera sigue siendo la misma, y la proporción de oxígeno se mantiene siempre alrededor del 21 %. Lo que cambia es la presión atmosférica. A medida que aumenta la altitud, la presión desciende; a 3.000 metros, el cuerpo recibe con cada respiración aproximadamente el 71 % del oxígeno que recibe al nivel del mar, y a 5.895 metros, alrededor del 49 %.
¿Debería usar oxígeno suplementario en el Kilimanjaro?
En el Kilimanjaro no se utiliza oxígeno suplementario de forma continua. Sin embargo, resulta útil como medida de seguridad para aliviar la aclimatación y prevenir el mal de altura. También es necesario como medida de emergencia durante una evacuación.
Con los cambios de altitud y presión, el cuerpo ajusta el funcionamiento de casi todos sus grandes sistemas, incluidos los riñones, los pulmones, el corazón y el cerebro. Este proceso requiere tiempo y casi siempre va acompañado de dolor de cabeza leve, cansancio, alteraciones del sueño y falta de aire.
El uso continuo de oxígeno embotellado puede ocultar estos síntomas, pero no protege frente al mal de altura. En casos poco frecuentes, incluso puede resultar peligroso. Un montañero puede sentirse mejor de lo que su estado real permite, avanzar más rápido de lo recomendado y pasar por alto señales de alerta que indican que debe bajar el ritmo.
Esto no significa que el oxígeno sea innecesario en el Kilimanjaro. En los almacenes de Altezza Travel hay más de 500 sistemas de oxígeno, más que en todos los demás operadores turísticos juntos. La clave está en utilizarlos correctamente. Lo hacemos en 2 situaciones.
- En primer lugar, cuando es necesario aliviar los síntomas de aclimatación sin poner en riesgo al montañero, para hacer más llevadera la ascensión al pico más alto de África. Esto puede incluir el uso de oxígeno en los campamentos para recuperarse y dormir mejor, o durante el descenso si alguien se encuentra mal en la cumbre.
- En segundo lugar, cuando el oxígeno suplementario se necesita como medida de emergencia para estabilizar el estado de una persona y evacuarla a una altitud menor.
Aclimatación y mal de altura: cómo distinguir los síntomas
A medida que asciendes por la montaña, el cuerpo se adapta de forma gradual a las nuevas condiciones: la respiración se vuelve más profunda y frecuente, el corazón trabaja más deprisa y el sueño puede ser más inquieto. También pueden aparecer dolor de cabeza leve, cansancio o menor apetito. Estos síntomas no requieren tratamiento y suelen desaparecer por sí solos tras un breve descanso y un ritmo de marcha más lento. Si ocurre así, la aclimatación progresa con normalidad.
La preocupación aparece cuando estas sensaciones se intensifican. El dolor de cabeza se vuelve más fuerte, surgen náuseas, la falta de aire es intensa o aparece confusión. Son señales de que el cuerpo no consigue adaptarse y de que se está desarrollando mal agudo de montaña (MAM). En estos casos, debes informar de inmediato a tu guía para que pueda valorar tu estado y decidir los siguientes pasos.
Niveles de gravedad del mal de altura
Todas las decisiones sobre el descenso o la evacuación las toma el guía principal, responsable de la seguridad de todos los miembros de la expedición. Es fundamental informar de inmediato a tu guía ante cualquier síntoma alarmante y no intentar aguantar. El mal de altura grave puede evolucionar hacia edema pulmonar o cerebral, dos cuadros potencialmente mortales.
Cómo evitar el mal de altura en el Kilimanjaro
Ascenso lento
La principal forma de combatir el mal de altura no es la medicación ni el oxígeno suplementario, sino la paciencia. En el Kilimanjaro hay una regla importante que escucharás a menudo durante la expedición: «Pole-pole», que en suajili significa «despacio, despacio». Cuanto más lento avances, mayores serán las probabilidades de que tu cuerpo se aclimate correctamente. También implica evitar esfuerzos físicos innecesarios cuando sea posible y reservar energía para el tramo final hacia la cumbre.
El propio programa de ascensión desempeña un papel clave. Existen 8 rutas hacia el «techo de África»:
- Lemosho
- Machame
- Marangu
- Rongai
- Northern Circuit
- Umbwe
- Kilema
- Western Breach (apenas utilizada por operadores turísticos debido al riesgo de desprendimientos)
Recomendamos elegir programas de al menos 7 días. Tienen un perfil de aclimatación más progresivo y aumentan mucho las probabilidades de alcanzar la cumbre con éxito.
Caminatas de aclimatación
Durante la expedición, los guías organizan con regularidad las llamadas caminatas de aclimatación, y recomendamos encarecidamente no saltárselas. Después del trekking del día, se propone una caminata corta para ganar algo más de altitud y regresar después al campamento. Este enfoque se conoce como «subir alto, dormir bajo», una práctica ampliamente aceptada incluso entre montañeros profesionales. Ayuda al cuerpo a adaptarse y lo prepara para seguir ganando altitud.
Nutrición e hidratación
En altitud, el cuerpo pierde líquidos mucho más rápido que en terreno llano. Con el aire enrarecido, la respiración se vuelve más profunda y frecuente, y en cada exhalación se pierde parte del líquido al evaporarse desde las mucosas de las vías respiratorias y los pulmones. El esfuerzo físico también aumenta durante la ascensión, lo que provoca una pérdida adicional de líquidos a través del sudor.
Por este motivo, se recomienda beber al menos de 3 a 4 litros de agua al día. Una hidratación adecuada ayuda a mantener una circulación sanguínea normal, esencial para llevar oxígeno a los tejidos del cuerpo. Lo mejor es beber pequeñas cantidades con frecuencia para reponer de forma constante la pérdida de líquidos durante toda la jornada.
En cuanto a la alimentación, conviene dar prioridad a los hidratos de carbono, ya que requieren menos oxígeno para metabolizarse que las grasas o las proteínas y aportan energía para avanzar. El equipo de chefs de montaña de Altezza Travel prepara un menú equilibrado: porridge, pollo, ternera, huevos, espaguetis, verduras, hierbas aromáticas, fruta fresca, sopas y mucho más.
Pastillas para el mal de altura en el Kilimanjaro
Un medicamento llamado Diamox ayuda al cuerpo a adaptarse a la altitud. Reduce los síntomas del mal de altura y contribuye a prevenir su aparición. Al mismo tiempo, conviene evitar el alcohol y los somníferos antes y durante la ascensión, ya que pueden interferir con la aclimatación.
Preguntas frecuentes
La altitud del Kilimanjaro (5.895 m s. n. m.) no exige el uso continuo de oxígeno. La mayoría de los montañeros se aclimata correctamente por sí misma si sigue un buen itinerario de ascensión y un ritmo adecuado. En algunos casos puede administrarse oxígeno suplementario para facilitar la aclimatación y prevenir el mal de altura, así como durante evacuaciones.
La mayoría de los montañeros sin experiencia previa de aclimatación a gran altitud nota síntomas de aclimatación, como cansancio, dolor de cabeza leve o náuseas. Es una respuesta normal del cuerpo a la reducción de oxígeno, no mal de altura.
Si el dolor de cabeza empeora, aparece confusión, se pierde el apetito o hay dificultad para respirar incluso en reposo, son señales de alerta. Avisa a tu guía de inmediato. Los guías siempre llevan un pulsioxímetro para medir la saturación de oxígeno en sangre. Con esa lectura y los síntomas observados, el guía valorará el estado del montañero y la seguridad de continuar la ascensión y, si es necesario, administrará oxígeno embotellado.
Controla el ritmo: cuanto más despacio ganes altitud, mejor. Bebe al menos 3-4 litros de agua al día, no te saltes comidas aunque no tengas hambre, intenta dormir lo suficiente y evita el sobreesfuerzo durante las caminatas. Descansa siempre que notes un cansancio importante.
Diamox puede reducir los síntomas, acelerar la aclimatación y ayudar a prevenir el mal de altura. Si tienes contraindicaciones o estás tomando otros medicamentos, consulta a tu médico.
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